Comenzaremos hoy hablando sobre afectividad. Ayer vimos que el hombre es un ser necesitado y por eso se abre para la gracia de Dios, el hombre que no se conoce, que no se reconoce como ser necesitado, vive en la mentira. Nuestra humanidad tiene límites, no viviremos para siempre, nosotros no somos dioses y por eso es crucial que reconozcamos que somos limitados y necesitamos de Dios.
Ser hombre o mujer es un regalo de Dios. Es regalo de Dios tener una sexualidad, y por eso traemos en sí una voluntad de Dios y hacer la voluntad de Dios, necesitamos ser plenos en la realización de la voluntad de Dios. La afectividad trae este nombre porque ella afecta todo. La afectividad es la manera en que nos relacionamos con lo que está dentro de nosotros y con lo que está fuera de nosotros.
Nuestros relacionamientos con la familia, con los amigos, con las ropas, con aquello que está a nuestro alrededor, todo eso afecta a nuestra identidad.
¿Cuáles son las gavetas de nuestra afectividad? La gaveta más baja de nuestra afectividad es el humor, humor como estado de espíritu. El humor es considerado el estado base de la afectividad. Muchos de nosotros cambiamos de estado de humor muchas veces durante un día, infelizmente eso ocurre, y ocurre porque tenemos problemas en nuestra afectividad.
Hay personas que siempre están de buen humor, siempre sonríen, siempre promueven la unidad, donde ellas llegan alegran el ambiente, pero también hay gente que está siempre de mal humor y estas personas son aquellas negativas, insoportables, donde ellas llegan el ambiente queda pesado, esta persona necesita crecer en su afectividad.
Hay personas que andan con cara fea, éstas son personas que desean decir: “mírenme, véanme, yo no estoy bien”, la cara fea es un grito de socorro. La segunda gaveta es de la emoción, es un fenómeno pasajero, algo ocurre que afecta a la persona en aquel momento, sea oyendo una música, viendo un hecho ocurrir. La emoción viene y va y a veces ni nos recordamos de ella y eso significa que ninguna decisión de mi vida debe ser tomada de acuerdo a mi humor o mis emociones.
Nunca pidas a alguien que haga un trabajo muy difícil cuando la persona estuviera cansada, pues el humor base de esta persona no está preparada. Todo esto nos ayuda a relacionarnos con las personas, por eso es preciso que percibamos el humor y las emociones de las personas. Si estás con una jaqueca y una persona te pide que resuelvas un problema tú podrás responder a ese pedido de forma negativa.
Yo no puedo decir que mi humor y mis emociones son buenas o malas, pues son una característica de mi identidad, pero yo puedo controlarlas, lo que hago con mi humor y con mis emociones depende de mi amor a Dios, de mi amor a mí y a mi hermano. Es necesario en un momento de humor y emociones frágiles responder a las personas de manera evangélica y Dios nos da la gracia de hacer eso. Tú no fuiste hecho para reaccionar según tu humor y tus emociones, sino según la caridad.
La tercera gaveta es la de los sentimientos y ellos están siempre ligados a los valores. Por ejemplo, el valor de la justicia, de la verdad, de la pureza, los sentimientos están ligados a estos valores, o contra-valor de la deshonestidad, los sentimientos están también ligados a los contra-valores. Reaccionamos según los sentimientos que están ligados a determinados valores.
Algunas personas fueron educadas a huir y cuando estén con la cabeza llena irán a huir, pues el sentimiento de ella está ligado al valor de fuga, por eso es importante que los valores estén claros, pues los sentimientos estarán ligados a estos valores. La cuarta gaveta es la del afecto, así como los sentimientos se ligan a los valores, los afectos se ligan a las ideas. Si tú cierras los ojos y yo dijera palabras como beber, padre, terrorismo, Jesús, cada una de estas palabras te despertarán afectos diferentes, los afectos están ligados a un concepto, a una idea.
Entre dos personas las mismas palabras tendrán relaciones afectivas diferentes, por eso nuestras familias, la sociedad, la comunidad, necesitan tener valores y conceptos claros, valores y conceptos evangélicos. En julio tendremos la copa ¿y cómo estarán las emociones, el humor, los afectos? Todo eso estará abierto para recibir cualquier idea, aún siendo malo, lo que se presente, y por eso mucha gente que sabe sobre eso se aprovecha de esa situación, usan los medios de comunicación para pasarnos ideas que hasta van contra nuestros valores y aceptamos fácilmente si no estamos atentos.
La última gaveta es la da las pasiones, ella tampoco es buena ni mala, lo que es bueno o malo es lo que hacemos con ellas. Einstein pasaba tantas horas estudiando que su esposa peleaba con él, pero esa pasión nos trajo buenos descubrimientos. Las pasiones son como un yunque, la gaveta de las pasiones es la más alta del armario, la gaveta de la identidad es la que sostiene toda la estructura de este armario de gavetas y la gaveta de las pasiones con ese yunque se torna pesada y puede hacer desmoronar todo el armario, pues está sobre todas las otras gavetas.
Las pasiones deben llevarnos a las virtudes, debo ser apasionado por el Evangelio y vivir bien esta pasión. Las pasiones influencian nuestro humor, nuestras emociones, nuestra afectividad, influencian todo. Los estudiosos dicen que las paciones tienen el poder de llevarnos hacia el bien o hacia el mal. Dios me creó y me dio la gracia del bautismo y me creó hombre o mujer y en esto Él demuestra su voluntad sobre mi sexualidad, Dios me creó para un carisma, para un estado de vida específico para mí, porque la voluntad de Dios debe tornarse un valor. Ser bautizado como hijo de Dios, por ejemplo, debe ser un valor.
Mis sentimientos están ligados a estos valores que son voluntad de Dios para mí y cuando vivo eso comienzo a querer conocer mejor la voluntad de Dios para mi vida y comienzo a buscar la voluntad de Dios. Como mis afectos están ligados de la filiación divina y todo lo que ella representa para mí, mi ser entero se envuelve y se deja envolver y se apasiona por la voluntad de Dios, lo que ocurre entonces es una reestructuración de los conceptos para mí, no actúo más como la carne me pide y me impulsa, sino como aquello que es la voluntad de Dios.
El cristiano que es cristiano de verdad percibe que es un apasionado por el martirio, él nació para morir de amor, entonces no vive reclamando por lo malo que le ocurre. Cuando yo me dejo mover por una de estas áreas de mi identidad, cuando una se sobrepone sobre las otras yo comienzo a curvarme sobre mí mismo, lo que interesa es mi ombligo, busco solamente aquello que yo quiero ser o tener y dejo de lado las que son voluntad de Dios.
Si yo viviera sobre mis afectos, mis sentimientos, mis emociones, mi humor, yo viviría solo para mí. Si mi identidad es una confusión, y mi afectividad está de cabeza para abajo, yo seré una persona débil en mi auto-identidad. La sanación interior no es para ayudarme a centralizarme sobre mí, es para ayudarme a quedarme en pié, viendo la verdad, Dios nos sana para que seamos santos. La sanación interior es Jesús diciendo: “Levántate y anda, yo quiero enderezar tu afectividad que está de cabeza para abajo, yo quiero liberarte de ti mismo, yo te creé para que tengas control de tus emociones, tus afectos, y no te creé para que tu identidad sea amarrada y esclavizada, no te creé para ser llevado por tus sentimientos, sino para tener el dominio sobre ellas y sobre tus pasiones.”
Una vez le pregunté a un Obispo, porqué es que Jesús curó a aquel paralítico que los amigos trajeron en una camilla y aún ya el hombre sanado, caminando, Jesús le pide que lleve su camilla a su casa y el Obispo me respondió: “Yo también ya pensé sobre eso y llegué a la conclusión que Jesús mandó que él llevase la marca a su casa porque Jesús hizo su parte, pero es necesario que la persona haga un cambio de santificación a partir de su flaqueza, de sus límites para alcanzar su santificación.” ¡Cuando bajamos la guardia de la afectividad, nos tornamos esclavos y paralíticos de ella!
Hablaré un poco también sobre la codependencia afectiva, ¿Qué es eso? Es una trampa que nos hace depender de forma errada de otra persona. Hay personas que viven así, y cuando una determinada persona no está en la fiesta, en la Iglesia, en fin en el mismo lugar que ella, termina quedándose triste, o no tiene opinión propia, gusta de las cosas que la otra persona gusta, la persona se torna el centro de la vida de la otra. ¡Es el famoso pegajoso! ¿Y qué provoca eso? El fin de mi vida termina no siendo Dios, las energías de mi vida, de mis afectos, de mis sentimientos, no van para Dios sino van para aquella persona, eso ocurre entre amigos, pero también ocurre entre parejas.
La codependencia afectiva dentro de una comunidad es la mayor traición a Dios que el demonio logra hacer, porque tú donaste tu vida a Jesús, pero ahora estas dependiendo de otra persona para ser feliz. ¡Nadie depende de otra persona para ser feliz! Para ser feliz necesito ser dependiente de Dios, para ser feliz necesito darme a todos mis hermanos, pero no dejarme esclavizar por ellos.
La amistad es un don de Dios, cuando es auténtica y liberadora y no hace a una persona depender de la otra, por el contrario lleva a las dos personas a que dependieran de Dios y cuanto más ellas dependen de Dios más ellas son libres, más ellas son sanadas. Algunas de las características de la codependencia afectiva es que la persona necesita de constante reafirmación de otros. La persona necesita de elogios, es una pobre dependiente de la opinión de otros, ¿cómo esta persona vivirá el Evangelio si ella es dependiente de otro? Una característica es si alguien no se muestra alegre conmigo y ya creo que no le agrado. A veces ocurre que te quedas esperando que las personas te noten, aún cuando aquellas están atareadas y no pueden darte la atención que tú deseas. Tú no puedes ser dependiente al punto de ser feliz solamente si aquella persona te da una sonrisa o hable contigo.
Jesús fue escupido, maltratado, injuriado, crucificado y en ningún momento buscó el consuelo de los otros. Otra característica terrible es cuando la persona nunca dice no, pues tiene miedo de que no gusten de ella, una codependencia afectiva nos desvía de Dios y nos hace usar lo otro para sentirnos amados.
En cierta ocasión atendí a una pareja que había perdido a un hijo y me pidieron que rezara por ellos, conversando con ellos descubrí que el marido era co-dependiente de la madre, en todo la madre tenía que decirle qué hacer, cómo hacer, y él era un muchacho altamente calificado, pero no lograba ir bien, ya había perdido varios empleos. Acompañando a esta pareja, el muchacho mismo se dio cuenta de que él debía mudarse de ciudad, ir lejos de su madre, pues en todo él todavía, aún casado, dependía de su madre. Se mudaron lejos y hoy este matrimonio vive bien y están esperando un tercer hijo.
Emmir Nogueira
Cofundadora de la Comunidad Shalom
Fuente: cancaonova.com